Salud, miedo y el límite que nunca debe cruzarse
Hay preguntas que no llegan al Tarot desde la curiosidad, sino desde el miedo.
Las relacionadas con la salud suelen ser así.
No aparecen porque alguien quiera comprender un proceso simbólico, sino porque algo inquieta, duele o descoloca. Y cuando el miedo entra en la lectura, el riesgo no está en las cartas, sino en cómo se interpretan.
Aquí es donde conviene detenerse y marcar un límite claro: el Tarot no describe enfermedades. Y no hacerlo no es una carencia del Tarot, sino una muestra de respeto hacia quien consulta.
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| © Laia Tarot |
El error no está en la pregunta, sino en cómo se responde
Preguntar por la salud no es, en sí mismo, un problema. Lo problemático es convertir símbolos en diagnósticos.
Cuando una lectura empieza a señalar patologías, accidentes inevitables o dolencias concretas, el Tarot deja de ser una herramienta de claridad y se transforma en un generador de ansiedad. No porque las cartas lo indiquen, sino porque se les ha forzado a decir algo que no les pertenece.
El lenguaje simbólico no es lenguaje clínico. Mezclarlos no profundiza la lectura; la distorsiona.
Cartas “difíciles” y lecturas peligrosas
Hay cartas que suelen activar este mito con especial facilidad: la Torre, la Muerte, el Diablo, el Diez de Espadas, la Luna.
No porque hablen de enfermedad, sino porque incomodan.
Cuando una persona ya está preocupada por su cuerpo, estas cartas se convierten en pantallas donde proyectar el peor escenario posible. Y si quien lee no sabe sostener ese estado emocional, puede acabar confirmando un miedo que ya estaba ahí.
Ahí no está hablando el Tarot. Está hablando la ansiedad.
De qué habla realmente el Tarot cuando aparece el cuerpo
El Tarot sí puede hablar del cuerpo, pero lo hace en términos de experiencia, no de patología.
Habla de cómo se vive el cansancio, la tensión, la sobrecarga o la desconexión. Habla de ritmos forzados, de límites ignorados, de estrés acumulado, de falta de descanso real. Habla de lo que el cuerpo está intentando decir cuando no se le escucha.
Eso no es diagnosticar.
Es señalar un desequilibrio vivido, no una enfermedad.
Confundir una cosa con la otra es uno de los errores más frecuentes —y más dañinos— en la práctica del Tarot.
Cuando una lectura deja peor de lo que estaba
Hay una señal muy clara de que una lectura ha cruzado un límite:
cuando la persona sale con más miedo del que traía.
En esos casos, la lectura no ha aportado claridad ni comprensión. Ha amplificado un estado previo. Y eso no es acompañar: es desregular.
Un Tarot bien trabajado no necesita asustar para ser profundo. Si una interpretación genera pánico, dependencia o obsesión, algo se ha hecho mal, aunque las cartas sean “impactantes”.
El lugar ético del tarotista
Aquí la responsabilidad no está en las cartas, sino en quien las interpreta.
Un tarotista responsable sabe cuándo una pregunta necesita ser reformulada, cuándo una lectura debe frenarse y cuándo es mejor derivar. No porque “no sepa leer”, sino porque sabe leer personas.
Decir “esto no puedo abordarlo desde aquí” no debilita el Tarot.
Lo protege.
El Tarot no está para reemplazar a la medicina, ni para anticipar desgracias, ni para convertir símbolos en sentencias corporales. Está para aportar comprensión, no alarma.
Lo que se protege cuando se ponen límites
Desmontar el mito de las enfermedades no es quitarle poder al Tarot. Es devolverle su lugar real.
Se protege a la persona que consulta, que no necesita más miedo.
Se protege al Tarot, que no fue creado para diagnosticar.
Y se protege al propio tarotista, que no cae en un rol que no le corresponde.
Leer con madurez implica saber qué puede decir una carta… y qué no debe decir nunca.
Cierre
El cuerpo merece respeto.
El miedo, contención.
Y el Tarot, cuando se usa con conciencia, sabe quedarse en su sitio.
Ese límite no empobrece la lectura.
La hace más humana, más honesta y más útil.
Nota
Este artículo se apoya en una comprensión simbólica y psicológica del Tarot, influida por autoras y autores como Rachel Pollack, Mary K. Greer y Yoav Ben-Dov, así como por la práctica clínica y ética del Tarot contemporáneo.
Todas estas corrientes coinciden en un punto esencial: el Tarot describe experiencias y procesos vividos, no patologías médicas ni diagnósticos de salud.






