martes, 25 de noviembre de 2025

Manual del Tarotista Neurótico: entre barajas, mitos y piernas cruzadas

 Manual del Tarotista Neurótico: entre barajas, mitos y piernas cruzadas


Hay algo divertido de verdad en observar cómo ciertos mitos sobreviven en el mundo del Tarot como si fueran plantas invasoras: por más que las arranques, vuelven a brotar.

A veces me imagino a las pobres barajas mirándonos con paciencia infinita mientras discutimos si se puede leer con las piernas cruzadas o la podemos liar.  Así que vamos a poner orden, humor y un poco de profesionalidad en este jardín de supersticiones. 

La realidad es muchísimo más sencilla (y bastante menos dramática).


Lectura donde quieras, como quieras

El lugar sagrado para leer: donde te dé la gana.

Siéntate donde quieras, como quieras. Puedes leer en la mesa, en tu cama, en el sofá, en el suelo, en un parque, en plena naturaleza, en el pasillo de un aeropuerto o con un gato vigilando el As de Copas desde una esquina. La intuición no entiende de mobiliario. Y si el lugar que eliges es perfecto para ti y tu energía, es perfecto para el Tarot.

La energía no es delicada, no se bloquea porque cruces las piernas o toques cojines. Y si alguien toca tu baraja, tampoco se abre ningún portal oscuro (lo he comprobado muchas veces. Sigue todo en su sitio).

La intuición, por desgracia para los amantes de la liturgia, no se despierta con posturas de yoga ni con incienso con aroma a "Iluminación mística”.

Lo único realmente necesario es esto: presencia.
La intuición se activa con atención, honestidad y un poquito de silencio interno.

Ya está. Casi decepcionante de lo simple que es.


© Laia Tarot 


Los Greatest Hits del purismo tarotista

(para disfrute y estudio antropológico)


“Baraja sólo con la mano izquierda.”

Claro, porque la derecha está poseída por el espíritu del materialismo. Lógico. 


“No leas si estás menstruando.” 

La intuición, según algunos, es muy sensible, se asusta ante procesos biológicos normales y se va de vacaciones una vez al mes.


“Guarda la baraja envuelta en seda bajo la almohada.”

Funciona igual guardándola en una caja, en un cajón o encima de un libro de recetas. La seda no es una antena parabólica.


“Nunca leas en luna menguante.”

La luna influye en las mareas, no en la capacidad de ver con claridad. Si necesitas una lectura, la luna no es tu jefa. 


“Si se cae una carta, es un mensaje del más allá.”

O del más acá. A veces es simplemente la gravedad haciendo su trabajo. El Más Allá tiene cosas más interesantes que empujar cartas, pero admito que queda más poético echarle la culpa al universo.


“No prestes tu baraja o perderá tu energía.”

Tranquilidad: las cartas no son una esponja emocional. Si la compartes con alguien que la respeta, no pasa nada. Tu conexión sigue siendo tuya.


“Nunca leas después de las 22:00.”

Por lo visto la intuición, como los funcionarios, tiene horario. Después de las diez se pone en pijama y ya no atiende.


“Las cartas se confunden si preguntas lo mismo dos veces.”

No, la que te confundes eres tú por desgaste mental. Las cartas están bien, gracias por preguntar.


“Hay que mezclar siete veces exactas para ‘purgar’ la energía.”

Si te apetece hacerlo siete veces, adelante. Si son tres o doce, nadie enviará una queja formal. Y si son ocho, tampoco pasa nada. El Tarot no tiene TOC, lo prometo.


“Hay que abrir círculos, proteger portales y sellar energías cada vez.”

Si eso te da foco, perfecto. Pero el Tarot no es una sesión de espiritismo. Y tampoco es obligatorio montar un ritual druida para preguntar cómo va esa relación amorosa.


Entonces… qué sí importa?

La sinceridad. La claridad. La capacidad de escuchar la historia que aparece.
Tu propio centro. Estar ahí, de verdad.

El resto son accesorios muy bonitos para Instagram.

El Tarot no necesita coreografías o ceremonias complicadas, necesita tu atención.
Y, si me preguntas a mí, un buen sentido del humor para sobrevivir a tanto mito vintage. 😉

La vida ya tiene suficientes cosas serias como para añadirle más.


Con cariño, 

Laia Duran


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