martes, 25 de noviembre de 2025

Lecturas de Sí/No: claridad para un tema que genera demasiada confusión

 

Las lecturas de sí/no son una de las herramientas más solicitadas del Tarot… y, paradójicamente, una de las más malentendidas. Se les pide precisión absoluta, rapidez, veredictos claros. Se espera que funcionen como un interruptor: encendido o apagado, verde o rojo, avance o final.

Pero el Tarot no trabaja así. Y entender esto cambia por completo la manera de interpretar estas tiradas.

Cuando comprendemos qué ofrece realmente una lectura de sí/no, dejamos de verlas como pobres o limitadas. No lo son. Simplemente sirven para otra cosa. No confirman destinos: iluminan tendencias. No sentencian: orientan. No sustituyen una lectura profunda: la complementan cuando lo que necesitas es una respuesta concreta dentro de un contexto que ya conoces.


© Laia Tarot 


Qué es, de verdad, una lectura de sí/no

Una lectura de sí/no no evalúa un “resultado final”. Lo que muestra es la dirección energética del asunto en el momento presente: si tiende a abrirse o a cerrarse, si hay impulso o bloqueo, si la situación tiene terreno fértil o si está detenida.

Las cartas no deciden por la persona. Reflejan cómo se están moviendo las fuerzas implicadas —emocionales, prácticas, relacionales— y qué escenario es más probable según todo lo que existe ahora.

Cuando esto se entiende, desaparece la ansiedad del “quiero que salga sí” y aparece una comprensión más madura: el Tarot muestra un clima, no una sentencia.


Por qué generan tanto malentendido

Muchas personas se acercan a esta pregunta desde el miedo o desde el deseo. Y cuando la motivación profunda es emocional, la lectura deja de ser un ejercicio de claridad para convertirse en una búsqueda de alivio inmediato.

Ahí nacen los autoengaños: repetir la pregunta, reinterpretar cartas, forzar significados para que encajen con lo que se quiere oír.

El problema no es la técnica. Es la expectativa irreal. El Tarot no anula la libertad humana ni convierte la vida en una pantalla de resultados. Lo que hace es mostrar cómo están alineados los hilos ahora mismo.


Cómo interpretar un sí/no sin caer en el ruido mental

La clave no es buscar un “sí escondido” ni un “no rotundo”, sino leer la carta desde su estructura interna:

— su movimiento (avanza / se detiene),
— su cualidad (abre / cierra),
— su tono emocional (confía / teme),
— y su naturaleza (da / retira).

Desde ahí, un As de Oros y un Cuatro de Copas no responden igual, aunque ninguno diga literalmente “sí” o “no”.
Uno habla de oportunidad y disponibilidad. El otro señala estancamiento o falta de disposición interna.

Cuando la carta se comprende desde dentro, la respuesta aparece de forma natural, sin forzar nada.


Cuándo sí funcionan y cuándo no aportan nada

Funcionan bien cuando:

  • la situación ya está definida y solo quieres medir su tendencia,

  • preguntas por acciones concretas (“¿se va a comunicar?”),

  • necesitas claridad rápida para no dispersarte,

  • no estás emocionalmente revuelta y puedes aceptar la respuesta que salga.

No funcionan cuando:

  • la pregunta es existencial (“¿seremos felices dentro de cinco años?”),

  • buscas certeza donde no puede haberla,

  • estás emocionalmente vulnerable,

  • quieres que el Tarot tome decisiones por ti.

En esos casos, una lectura narrativa es mucho más honesta y mucho más útil.


El verdadero sentido del sí/no

Una lectura de sí/no es una brújula muy precisa dentro de su campo de acción. No sustituye la profundidad del Tarot, pero la resume cuando hace falta. No predice lo inevitable: muestra la tendencia viva del presente y te permite actuar desde ahí.

Usada con madurez, es una herramienta limpia, clara y sorprendentemente reveladora. El problema nunca ha sido el sí/no, sino las expectativas que se le cargan encima.

Cuando esto se entiende, las lecturas dejan de ser un juego de probabilidades y se convierten en lo que realmente son: una forma directa de escuchar hacia dónde se mueve la situación ahora mismo, sin adornos y sin ruido innecesario.

Manual del Tarotista Neurótico: entre barajas, mitos y piernas cruzadas

 Manual del Tarotista Neurótico: entre barajas, mitos y piernas cruzadas


Hay algo divertido de verdad en observar cómo ciertos mitos sobreviven en el mundo del Tarot como si fueran plantas invasoras: por más que las arranques, vuelven a brotar.

A veces me imagino a las pobres barajas mirándonos con paciencia infinita mientras discutimos si se puede leer con las piernas cruzadas o la podemos liar.  Así que vamos a poner orden, humor y un poco de profesionalidad en este jardín de supersticiones. 

La realidad es muchísimo más sencilla (y bastante menos dramática).


Lectura donde quieras, como quieras

El lugar sagrado para leer: donde te dé la gana.

Siéntate donde quieras, como quieras. Puedes leer en la mesa, en tu cama, en el sofá, en el suelo, en un parque, en plena naturaleza, en el pasillo de un aeropuerto o con un gato vigilando el As de Copas desde una esquina. La intuición no entiende de mobiliario. Y si el lugar que eliges es perfecto para ti y tu energía, es perfecto para el Tarot.

La energía no es delicada, no se bloquea porque cruces las piernas o toques cojines. Y si alguien toca tu baraja, tampoco se abre ningún portal oscuro (lo he comprobado muchas veces. Sigue todo en su sitio).

La intuición, por desgracia para los amantes de la liturgia, no se despierta con posturas de yoga ni con incienso con aroma a "Iluminación mística”.

Lo único realmente necesario es esto: presencia.
La intuición se activa con atención, honestidad y un poquito de silencio interno.

Ya está. Casi decepcionante de lo simple que es.


© Laia Tarot 


Los Greatest Hits del purismo tarotista

(para disfrute y estudio antropológico)


“Baraja sólo con la mano izquierda.”

Claro, porque la derecha está poseída por el espíritu del materialismo. Lógico. 


“No leas si estás menstruando.” 

La intuición, según algunos, es muy sensible, se asusta ante procesos biológicos normales y se va de vacaciones una vez al mes.


“Guarda la baraja envuelta en seda bajo la almohada.”

Funciona igual guardándola en una caja, en un cajón o encima de un libro de recetas. La seda no es una antena parabólica.


“Nunca leas en luna menguante.”

La luna influye en las mareas, no en la capacidad de ver con claridad. Si necesitas una lectura, la luna no es tu jefa. 


“Si se cae una carta, es un mensaje del más allá.”

O del más acá. A veces es simplemente la gravedad haciendo su trabajo. El Más Allá tiene cosas más interesantes que empujar cartas, pero admito que queda más poético echarle la culpa al universo.


“No prestes tu baraja o perderá tu energía.”

Tranquilidad: las cartas no son una esponja emocional. Si la compartes con alguien que la respeta, no pasa nada. Tu conexión sigue siendo tuya.


“Nunca leas después de las 22:00.”

Por lo visto la intuición, como los funcionarios, tiene horario. Después de las diez se pone en pijama y ya no atiende.


“Las cartas se confunden si preguntas lo mismo dos veces.”

No, la que te confundes eres tú por desgaste mental. Las cartas están bien, gracias por preguntar.


“Hay que mezclar siete veces exactas para ‘purgar’ la energía.”

Si te apetece hacerlo siete veces, adelante. Si son tres o doce, nadie enviará una queja formal. Y si son ocho, tampoco pasa nada. El Tarot no tiene TOC, lo prometo.


“Hay que abrir círculos, proteger portales y sellar energías cada vez.”

Si eso te da foco, perfecto. Pero el Tarot no es una sesión de espiritismo. Y tampoco es obligatorio montar un ritual druida para preguntar cómo va esa relación amorosa.


Entonces… qué sí importa?

La sinceridad. La claridad. La capacidad de escuchar la historia que aparece.
Tu propio centro. Estar ahí, de verdad.

El resto son accesorios muy bonitos para Instagram.

El Tarot no necesita coreografías o ceremonias complicadas, necesita tu atención.
Y, si me preguntas a mí, un buen sentido del humor para sobrevivir a tanto mito vintage. 😉

La vida ya tiene suficientes cosas serias como para añadirle más.


Con cariño, 

Laia Duran


jueves, 20 de noviembre de 2025

Leer desde el centro: mi forma de entender el Tarot

 

La madurez en el Tarot no llega con los años ni con la técnica. Llega con un gesto interno: el momento en que dejas de leer para acertar y empiezas a leer para iluminar.

Leer desde el centro es permitir que la intuición hable sin que el ego la empuje. Es dejar que la verdad aparezca clara, sin disfrazarla de fatalismo y sin endulzarla para que no duela. Es sostener una carta difícil con la misma serenidad que una luminosa, sin exagerar ni minimizar, sin huir ni dramatizar.

Leer desde el centro es acompañar sin invadir, ver sin imponer, comprender sin poseer.


La tarotista que lee desde el centro no busca demostrar nada ni necesita impresionar. No lee para validarse ni para tener razón. Sabe que el Tarot no es un escenario, sino un espacio de encuentro.

No teme la duda; la usa como brújula.
No teme equivocarse, porque sabe volver.
No teme la sombra, porque sabe nombrarla.
No teme la luz, porque sabe contenerla.

Esa serenidad no nace de la perfección, sino de la honestidad con una misma.


© Laia Tarot 


Leer desde el centro es entender que el Tarot no dicta destinos, sino que abre puertas. No ata, sino que revela. No predice, sino que acompaña. Desde ese lugar, la lectura deja de ser un discurso cerrado y se convierte en un diálogo vivo: entre símbolo y conciencia, entre presente y potencial, entre tú y la persona a la que acompañas.

Cuando el Tarot se lee así, no invade el futuro ni secuestra decisiones. Devuelve claridad al ahora, que es donde realmente ocurre la vida.


Este es el compromiso de mi trabajo: un Tarot sin máscaras, sin ruido y sin miedo. Un Tarot que no pretende controlar el futuro, sino iluminar el presente. Un Tarot que respeta, que sostiene y que no necesita prometer nada para ser profundo.

Leer desde el centro es mi forma de honrar las cartas.
Y también mi forma de honrarte a ti.



Cuando el Tarot habla… y cuando hablamos nosotros: cómo evitar proyectar en una lectura

 

A veces creemos que estamos leyendo las cartas, cuando en realidad estamos leyendo nuestros propios miedos, deseos o suposiciones. Nos pasa a todas. También a quienes llevamos tiempo con el Tarot. La mente es rápida, ansiosa, impulsiva: mezcla intuición con emociones, expectativas con recuerdos, certezas con deseos.

Cuando eso ocurre, el Tarot deja de ser un espejo sincero y se convierte en uno deformado, empañado. No es porque las cartas fallen, sino porque la mirada no está limpia.

La mayoría de las distorsiones nacen del mismo lugar: querer una respuesta concreta, temer que salga otra, estar demasiado implicada en el tema, tener un día de ansiedad o simplemente una mente que no se calla. No es un fallo. Es humanidad pura. El problema aparece cuando no lo reconocemos y la lectura se contamina sin que nos demos cuenta.


© Laia Tarot 


¿Cómo saber que estás proyectando? Hay señales muy claras. 


Hay señales bastante claras, y reconocerlas a tiempo marca la diferencia entre una lectura honesta y una lectura contaminada.

La primera es la interpretación dramática sin base: ver una carta y que la mente salga disparada hacia el peor escenario posible, sin sostén real en el conjunto de la tirada.

La segunda es leer lo que quieres leer, forzando las cartas para que encajen con tu deseo. No interpretas: ajustas.

La tercera es cambiar el significado porque incomoda. La carta habla claro, pero tú intentas suavizarla, matizarla en exceso o reformularla para que diga otra cosa. Cuando te descubres negociando con las cartas, conviene parar. En ese punto no estás leyendo: estás intentando convencerte.


Volver al centro: cuatro preguntas que limpian la lectura

Cuando notes que algo se está torciendo, vuelve al centro con un gesto sencillo que funciona casi como un pequeño ritual de limpieza. Cuatro preguntas bastan para deshacer el ruido:

¿Qué siento ahora mismo?
¿Qué deseo que salga?
¿Qué temo?
¿Estoy intentando confirmar algo o comprenderlo?

Responderlas con honestidad aclara el aire de inmediato. Las cartas se vuelven más nítidas cuando tú también lo estás.


Intuición no es emoción

Aquí hay una confusión muy habitual, incluso en lectoras experimentadas. La intuición es tranquila, breve, silenciosa. Es un “clic” suave, casi corporal. No grita, no se acelera, no dramatiza.

La emoción, en cambio, es un torbellino: subidas y bajadas, urgencia, intensidad, necesidad de cerrar ya una respuesta. Si la interpretación viene cargada de nervio, prisa o dramatización, no estás escuchando al Tarot; estás escuchando tu sistema nervioso.

Tomar conciencia de esto, sin juicio, ya limpia media lectura.


La parte ética del Tarotista

Hay una responsabilidad clara que sí nos corresponde: decir lo que vemos con claridad, sostener la lectura sin proyectar nuestra historia personal, cuidar las palabras cuando la situación es delicada, usar el Tarot como guía y no como arma, respetar el ritmo y la vulnerabilidad de quien consulta.

Nuestra presencia importa tanto como las cartas. A veces más.

Y también hay algo importante que no es responsabilidad nuestra: arreglar la vida de nadie, decidir por ellos, adivinar futuros grabados en piedra, alimentar fantasías o miedos, convertirnos en una especie de gurú que todo lo sabe. La lectura no es dirigir. Es acompañar.

Leer sin proyección es un acto de respeto: hacia ti misma, hacia la persona que tienes delante y hacia el Tarot. Cuanto más limpia está tu mirada, más nítido aparece el mensaje.

Y en un mundo lleno de ruido, prisa y lecturas impulsivas, esa claridad —la tuya— es una de las herramientas más poderosas que tienes.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Lo que el Tarot NO dice (I): el mito de la orientación sexual


Mitos dañinos que debemos dejar atrás


En el mundo del Tarot circulan ideas que, aunque se presentan como antiguas o “tradicionales”, no tienen ningún fundamento simbólico ni histórico. Algunas no solo son incorrectas: son directamente dañinas. Y lo preocupante es que muchas siguen repitiéndose sin cuestionarse, como si el paso del tiempo las validara por sí mismo.

Una de las más extendidas es la creencia de que ciertas cartas indican la orientación sexual de una persona. A veces se menciona el Mundo invertido, otras la Luna, otras el Diablo. Cambian las cartas, pero el error es siempre el mismo. Todas esas asociaciones tienen algo en común: son falsas. Y conviene decirlo con claridad, sin rodeos ni ambigüedades.


El Tarot no revela orientación sexual

En consulta real, esta pregunta suele aparecer más desde el miedo o la confusión que desde la curiosidad honesta. Y ahí es donde conviene ser especialmente cuidadosos.

Ninguna carta —ni en posición normal, ni invertida, ni combinada— señala si una persona es homosexual, heterosexual, bisexual, pansexual, etc. El Tarot trabaja con arquetipos, procesos internos, dinámicas relacionales y emociones; no con categorías identitarias modernas.

Lo que una lectura puede mostrar es cómo alguien ama, cómo se vincula, cómo desea, cómo duda, cómo se protege o cómo se transforma. Puede hablar de apertura, de conflicto interno, de deseo reprimido, de miedo a mostrarse o de necesidad de validación. Pero jamás define una orientación sexual. Ese terreno pertenece a la intimidad y a la libertad de cada persona, no a la interpretación de una carta.


© Laia Tarot 


¿De dónde surge entonces este mito? 

La mayoría de las veces nace de prejuicios personales disfrazados de simbolismo. Cuando alguien asocia lo “diferente” con lo “incorrecto”, tiende a proyectarlo sobre cartas consideradas “difíciles”. He visto lecturas torcerse exactamente ahí: no por lo que dicen las cartas, sino por lo que el lector no sabe sostener.

También proviene de interpretaciones heredadas sin revisión. Ideas repetidas durante décadas —sin estudio, sin reflexión y sin ética— acaban formando una especie de folklore tarótico que parece “sabiduría antigua”… pero no lo es. Es solo costumbre mal entendida, transmitida sin conciencia crítica.


Lo que el Tarot sí puede mostrar sobre la sexualidad... 

…es algo mucho más real y humano.

Puede hablar del deseo, como ocurre con Bastos, el Diablo, la Fuerza o el Carro. Puede mostrar conexión emocional y apertura afectiva, como en el As de Copas, el Dos de Copas o la Estrella. Puede reflejar confusión interna, dudas o ambivalencia, visibles en la Luna, el Dos de Espadas o el Siete de Copas. Y también puede acompañar procesos de aceptación personal y reconciliación interna, que aparecen en cartas como el Sol, la Templanza o el Juicio.

Todo esto describe experiencias humanas, no orientaciones sexuales.


Desmontar estas ideas es importante 

Porque cada vez que se afirma que “esta carta indica homosexualidad” se produce un triple daño: se reduce a la persona a un estereotipo, se utiliza el Tarot para legitimar prejuicios y se confunde a quienes están aprendiendo.

El Tarot merece un trato digno.
Las personas también.


Cómo interpretar sin caer en clichés

Interpretar con rigor implica recordar algo básico: las figuras no representan género literal. Rey no es “un hombre”. Reina no es “una mujer”. Representan funciones internas: dirección, sensibilidad, acción, introspección, contención, impulso.

La clave está siempre en la dinámica, no en la identidad: quién avanza, quién siente, quién se protege, quién evita, quién se transforma. Ahí está la lectura real.

Y cuando alguien pregunta “¿es hombre o mujer?”, existe una respuesta sana y profesional:
El Tarot describe energías, no géneros. Lo que puedo decirte es que esta persona se muestra así…

Cuando una persona se siente vista en su proceso y no etiquetada, la lectura funciona. Respeto y claridad siempre van juntas.


Hacia un Tarot más consciente

El Tarot no se creó para señalar identidades, sino para comprender procesos, deseos y caminos personales. Cuando lo liberamos de estereotipos y supersticiones, recupera su belleza original: la capacidad de acompañar sin invadir, de iluminar sin imponer, de escuchar sin juzgar.

Para mí, ese es el Tarot que merece la pena. Ojalá este espacio ayude tanto a quienes leen como a quienes reciben lecturas a confiar en un enfoque más humano, más real y más respetuoso.



Fuentes e inspiración

Este artículo se apoya en la visión simbólica, psicológica y arquetípica del Tarot desarrollada por autoras y autores como Rachel Pollack, Mary K. Greer, Yoav Ben-Dov, Benebell Wen, así como en la tradición junguiana aplicada a la lectura de los Arcanos. Todas estas corrientes coinciden en un principio esencial: el Tarot describe procesos internos, no identidades fijas como la orientación sexual.